¿Qué padres no queremos lo mejor para nuestros hijos?

¿Qué nos hace pensar que para ser buenos padres tenemos que ser perfectos? ¿Qué nos asegura que estamos educando a nuestros hijos de forma correcta?

No hay recetas mágicas que nos aseguren que si las seguimos al pie de la letra vamos a darles a nuestros hijos la educación ideal. Y no hay recetas mágicas porque cada uno somos diferentes y tenemos inquietudes y necesidades diferentes. Esto supone que lo que es muy acertado para uno, quizá no lo sea para otro.

Entonces, ¿qué podemos hacer para dar a nuestros hijos una buena educación?

El punto de partida está en preguntarnos ¿qué queremos para ellos? ¿Qué nos gustaría que llevasen en su maleta el día que tengan que volar solos y tengan que decidir sobre cómo van a afrontar su vida?

No se trata de que carguemos esa maleta con nuestros recursos, ya que éstos podrían no valerles o, lo que es peor, podría pasar que no sepan cómo utilizarlos, o lo que es aún peor, que les supongan un peso innecesario a la vez que inútil.

Se trata de que les ayudemos a diseñar esa maleta con esos recursos y herramientas que ellos mismos vayan adquiriendo, y considerando útiles, en su camino hasta iniciar ese viaje sin nosotros. Un viaje que, aunque a veces nos cueste aceptarlo, harán en algún momento. Eso no quiere decir que en el transcurso de ese viaje no podamos seguir dándoles nuestro apoyo, pero serán ellos los que tengan que elegir qué ruta seguir y qué paradas hacer si pretendemos que vivan su vida plenamente.

¿Y cuál es nuestra misión como padres? Nuestra misión consiste en ir sembrando semillas en el camino hasta el momento del despegue, para que vayan creciendo y sean lo suficientemente fuertes a la hora de despegar.

¿Cómo podemos ayudarles a diseñar esa maleta?

Estas son algunas de las claves que nos permiten ayudarles en esa labor:

  1. Escúchales. Para que puedan incluir en esa maleta los recursos y herramientas que les son útiles, es imprescindible que sepan cuáles son esos recursos. Como hablábamos antes, lo que nos funciona a nosotros no tiene por qué funcionarles a ellos.  Es necesario observarles y escuchar sus inquietudes, sus necesidades, sus miedos, sus sueños… Para que esos recursos supongan un apoyo y no un lastre en su viaje, han de estar hechos a su medida.
  2. Pregúntales. Las preguntas son una herramienta estupenda para que nosotros sepamos por dónde tirar, y para que ellos descubran lo que necesitan y que no habían tenido en cuenta.  Las preguntas realmente reveladoras son aquellas que no van persiguiendo una respuesta concreta, sino que dan lugar a la reflexión, a buscar respuestas que no se habían planteado anteriormente.
  3. Apóyales a asumir riesgos y permíteles equivocarse. Si pretendemos que esa maleta se llene de recursos que les ayuden en su camino, tenemos que invitarles a explorar cosas nuevas. Es muy importante que tomen sus propias decisiones y que se equivoquen al tomarlas, ya que esto les hará reconducir sus acciones y les proporcionará mayor satisfacción cuando consigan obtener el resultado que esperaban.  No se trata de animarles a cometer locuras, pero sí a asumir pequeños riesgos cuyas consecuencias, en caso de no ser las esperadas, les permitan aprender de sus equivocaciones, y en caso de ser las esperadas, les impulsen a dar otros pasos confiando en sí mismos y tratando de superarse.
  4. Ayúdales a descubrir sus emociones y a sentirse a gusto con ellas. Es habitual que se sientan perdidos en sus emociones y sentimientos y no sepan qué les pasa o cómo reaccionar a ellas. Si juzgamos sus reacciones sin indagar un poco en cómo han llegado a esa situación les estaremos poniendo a la defensiva, y no sólo se sentirán más perdidos, sino que evitarán compartir con nosotros sus inquietudes. Recuerda que la confianza es un privilegio que cuesta mucho conseguir y que se pierde con mucha facilidad. Para poder ayudarles a entender lo que les pasa, es imprescindible que no tratemos de juzgar sus emociones, es decir, no se trata de que nosotros les digamos qué es lo que están sintiendo, sino de que les hagamos preguntas para que puedan identificar cómo se sienten y puedan interpretar sus reacciones ante esas emociones.
  5. Celebra sus aspectos positivos. Es un hecho comprobado que todos respondemos bien a los estímulos positivos. Por eso es de gran ayuda para nuestros hijos/hijas que sepamos reconocer sus virtudes y sus aciertos, y se lo hagamos saber Si queremos fomentar su autoestima, es preciso que les digamos específicamente aquello que hacen bien, eso no les va a hacer creerse los reyes del universo, pero sí les va a hacer confiar en sus posibilidades.
  6. Hazles ver la responsabilidad de sus actos y la repercusión en su entorno. De la misma forma que celebrando aquello que hacen bien, les estaremos ayudando a tomar mejores elecciones si hacemos hincapié sobre la responsabilidad de estas elecciones y cómo repercuten no sólo en ellos, sino también en su entorno. Si les explicamos que la responsabilidad no es una pesada carga sino una forma de tomar mejores decisiones, se sentirán más seguros de aprender de sus errores para llegar a los resultados que quieren.

Y recuerda, no se trata de darles nuestros recursos, sino de ayudarles a encontrar los que les son favorables a ellos!!

Si además le pones corazón, disfrutarás con ello y tendrás la tranquilidad de que estás haciendo lo correcto.

 

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