¿Cuál es el efecto de generar entornos  educativos que pongan a la persona en el centro del proceso fomentando su desarrollo personal?

Es lo que la Fundación Promete ha llamado La Educación Del Ser.

He necesitado dejar pasar unos días tras finalizar mi participación en el Campus Promete, para poner en orden mis experiencias, así como las conclusiones y aprendizajes que he sacado de ellas.

Hoy quiero compartir lo que esta experiencia ha supuesto para mí como persona que cree que es posible un cambio en la educación, tal y como la vivimos hoy en día, y que quiere formar parte de este cambio.

El modelo de La Educación Del Ser me ha ayudado a confirmar en la práctica, dentro de un aula, cómo la forma de desarrollar las capacidades para que una persona pueda dirigir y hacerse responsable de su vida, es crear los entornos y las relaciones adecuadas.

Puesto que toda acción va acompañada de una emoción, voy a tratar de describir las emociones que percibí durante todo el proceso.

Todo comienza con la llamada pre-campus. Es una llamada a tres (director/ra de área, coach y alumno/a), que se hace con cada uno de los alumnos, cuyo objetivo es que identifiquen y concreten qué interés genuino tienen y qué proyecto quieren llevar a cabo. La llamada gira en torno a una pregunta: y tú, ¿qué quieres hacer? Es increíble percibir a través del teléfono, como unas sencillas preguntas centradas en sus inquietudes, provocan un torrente de ideas en su mente, despertando su imaginación y curiosidad. A medida que comparten sus ideas, su interés y motivación por ellas crece más y más. Esto se nota en el tono de su voz, en los cambios de entonación, en cómo van variando el ritmo al hablar, … ¡Es fascinante!

El primer día de campus, cada uno llega con una emoción y unas expectativas. Empezamos con una actividad grupal en la que todos compartimos con el resto del grupo quién soy, y qué espero de esta semana en Campus. Aquí pueden percibirse todo tipo de emociones, sensaciones y deseos. Algunos lo expresan abiertamente, y otros prefieren esperar a estar más cómodos y confiados dentro del grupo, lo que es aceptado y respetado por todos. A la pregunta de ¿qué vienes a hacer a Campus Promete?, todos responden muy ilusionados hablando tranquilamente del proyecto que están a punto de comenzar. Es su proyecto personal, lo que ellos han elegido, lo que les llena de sensaciones e ilumina sus caras cuando nos lo cuentan a los demás.

A lo largo de la semana, a medida que van avanzando en sus proyectos, se les ve cómo pasan por distintos estados según se encuentren con dificultades, se sorprenden de los resultados que van obteniendo, desarrollan habilidades, o colaboran en los proyectos de otros compañeros. Lo que más me sorprendió, es cómo cada uno de ellos va sorteando las dificultades con las que se encuentra, bien buscando sus propias soluciones, bien pidiendo consejo tanto a profesores como a alumnos, y en la mayoría de los casos sin que estas dificultades les paralicen o se traduzcan en frustración. Quizá sea porque no se sienten juzgados, ni ven resaltados sus errores. Quizá porque se sienten acompañados, respetados, no puntuados y no limitados.

Uno de los momentos de sensaciones más intensas es el final del día, cuando se suben al escenario para presentar sus planes de proyecto y su proyecto final. Aquí se entremezclan sentimientos de vergüenza, nervios, incertidumbre, diversión, orgullo, satisfacción, … Incluso así, ¡todos brillan en el escenario!

Al comienzo de cada día, es cuando cada uno comparte sus impresiones del show del día anterior. Tanto las impresiones de los que presentaron, como las que tuvieron los que estaban viendo a sus compañeros sentados en el patio de butacas. Es genial ver como todos se felicitan entre ellos, se dan ánimos y se aconsejan sobre cómo brillar más en el escenario, o sobre cómo combatir los nervios.

Aquí no hay competiciones, todos colaboran para que los demás tengan éxito, todos destacan pero ninguno lo hace por encima de otro. Aquí no importan la edad, el sexo, la condición social o las dificultades personales. Aquí todos son únicos, con diferentes talentos, inquietudes y necesidades. Se reconocen unos a otros, se valoran y se respetan tratándose como iguales.

TODOS TRIUNFAN Y SIN EMBARGO NINGUNO GANA

Ninguno gana porque ninguno pierde. Todos tienen un objetivo, y todos colaboran para que tanto su objetivo como el del resto se cumplan.

Para mí, estas dos semanas de campus han supuesto muchas emociones, que he vivido con gran intensidad. Pasé de la sorpresa por ver todo lo que se podía descubrir en una llamada, a la preocupación por estar a la altura de este gran proyecto. Después llegó la inquietud por saber crear un entorno de confianza, en el que se sintieran libres para solicitar apoyo cuando lo necesitasen, y para poder guiarles si observaba que en algún momento se sentían confusos. Más tarde llego la aceptación de estar haciendo lo que tenía que hacer, para pasar a un estado de fluidez en el que simplemente bastaba con “ESTAR”, dejándome disfrutar de cada momento, de cada relación, de cada sensación.

Me siento orgullosa de haber formado parte de este maravilloso proyecto, y muy agradecida por que hayan contado conmigo como parte del equipo.

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