¿Sabías que el cerebro es el único órgano que, en condiciones normales, no está plenamente desarrollado al nacer?

Pues así es, el cerebro continúa desarrollándose después de la infancia y no está totalmente desarrollado hasta pasada la adolescencia. Esto provoca que en muchas ocasiones nuestros hijos actúen de forma que nosotros consideremos irracional, debido a que aún no tienen desarrolladas algunas funciones que influyen directamente en la toma de decisiones. Lo cierto es que todos hemos actuado de manera irracional en algún momento, principalmente cuando estamos invadidos por una emoción que nos domina.

Continuando con un artículo anterior Para qué identificar las emociones en la relación con nuestros hijos , en el que resaltaba la importancia de conocer e identificar las emociones para poder adaptar los comportamientos, quiero destacar también la repercusión que tienen las emociones en el proceso educativo.

Para poder conocer a qué nos enfrentamos cuando estamos invadidos por una emoción, voy a explicar en líneas generales cómo funciona el cerebro:

Distinguiendo las funciones que realiza, el cerebro humano está formado por tres cerebros que han ido formándose uno sobre otro a medida que el hombre evolucionaba. Estos son:

  • Cerebro reptiliano o instintivo. Es el más primitivo, y es el que se encarga de las funciones de supervivencia (controla los latidos del corazón, la respiración, la sensación de hambre,…)
  • Cerebro límbico o emocional. Es el encargado de distinguir y procesar las emociones
  • Cerebro racional o pensante. Es el que nos permite comunicarnos, razonar, tomar decisiones basadas en un pensamiento lógico. Dentro de este, en la parte delantera de la cabeza está la corteza prefrontal. La zona prefrontal de la corteza cerebral es la que más tarda en desarrollarse, y esta es la parte del cerebro que nos permite planificar, establecer metas, auto-controlar las emociones o inhibir los impulsos. Los expertos llaman a esta parte del cerebro el cerebro ejecutivo. Podríamos decir que esta zona es el director de orquesta de nuestro cerebro. Esta zona es también clave en el comportamiento social y en la relación con otras personas.

Cuanto menos desarrollada está la parte prefrontal, es decir, cuantas menos conexiones haya entre esta zona y el resto del cerebro, más al descubierto se encuentra el cerebro emocional, que es el que primero se activa tras cualquier estímulo, y que además lo hace de forma inconsciente. Cuando el cerebro emocional se activa, envía información al cerebro racional (que genera ideas de forma también inconsciente) y que  necesita de la parte ejecutiva  (corteza prefrontal), para clasificar y evaluar estas ideas y actuar sobre ellas con consciencia.

De la misma forma que el cerebro ejecutivo va evolucionando a medida que un niño crece, una vez desarrollado del todo, está muy condicionada por las reacciones inconscientes de nuestro cerebro emocional. De ahí la enorme importancia de entrenarnos en regular las conductas asociadas a nuestras emociones para que no interfieran en el resto de funciones ejecutivas.

Cuando actuamos impulsivamente, lo que ocurre es que lo hacemos llevados por una emoción de intensidad alta que se ha manifestado en nosotros. Cuando esto ocurre, nuestro cerebro emocional queda totalmente al descubierto, como una olla hirviendo sin tapa. Esto hace que no podamos recurrir a las funciones de reflexión, y control de las emociones.

Imagina ahora, ¿cómo está tu cerebro al tratar de establecer unas normas de conducta con tus hijos desde una emoción que sientes que te desborda? Imagina que estás muy enfadada por una conducta inadecuada. ¿Qué tal  controlas tus impulsos en ese momento? ¿Cómo estás de paciencia? ¿Puedes tomar bajo ese estado las decisiones que te lleven al resultado que quieres? Se podría decir que en una situación así, actuamos secuestrados por nuestras emociones, lo cual nos impide evaluar, clasificar y seleccionar las posibles opciones.

También nos puede ocurrir esto cuando la emoción que nos desborda es la de euforia, ya que en ese momento sentimos que todo es maravilloso y eso nos impide ver las posibles consecuencias de nuestras decisiones.

“Cuando las emociones se desbordan, el cerebro ejecutivo se apaga”

¿Cuántas veces has tomado una decisión de la que más tarde te has arrepentido por actuar en caliente?

Con la “tarea” de educar a nuestros hijos esta situación se suele repetir a menudo. Porque no nos engañemos, educar a un hijo/hija es un trabajo complicado, yo me atrevo a decir que es el más complicado que he desempeñado en mi vida. Es un trabajo de jornada completa en el que hay momentos de relajación y fluidez, pero también hay muchos momentos en los que nuestro estado de ánimo o nuestra paciencia, no están en su mejor momento. Y cuando tanto ellos como nosotros estamos desbordados por nuestras emociones, se produce el tsunami.

 De ahí que sea una buena idea dejar que las emociones se calmen y el agua vuelva a su cauce, antes de actuar desde este estado y sin la ayuda de nuestro cerebro ejecutivo. Ante una situación con nuestros hijos que nos desborda emocionalmente, es el momento de convertirse en HÉROE:

  • H: Haz una parada. Pon distancia con la situación para tomar perspectiva.
  • E: Evalúa tu estado antes de actuar. Pregúntate: ¿en qué estado emocional me encuentro?, ¿es el mejor momento para actuar?
  • R: Recupera el control de tu estado.
  • O: Organiza tus opciones y piensa en lo que quieres conseguir, cuál es la finalidad de lo que les quieres transmitir.
  • E: Ejecuta tu plan de acción

Desde esta perspectiva, si evitamos dar pautas de educación a nuestros hijos cuando nos encontramos en ese pico emocional, en la cresta de la ola en la que las emociones nublan la capacidad para actuar con autocontrol, estaremos evitando dar un mensaje distinto al que queremos dar.

 

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