Cuando somos madres y padres, uno de los principales dilemas con los que nos enfrentamos es cómo “proteger” a nuestros hijos. Algunas preguntas que surgen alrededor de este tema son:

¿Hasta qué punto podemos “protegerlos”? ¿Cuál es la forma más efectiva de hacerlo, allanándoles el camino, o proporcionándoles herramientas que les faciliten caminar por él?

Hay 2 preguntas que nos ayudan a aclarar nuestro propósito a la hora de encontrar un equilibrio en el que protegerles sin impactar en su autonomía, y a poder identificar cuándo estamos sobreprotegiéndoles:

  • ¿Qué emoción nos impulsa a proteger en exceso a nuestros hijos y querer evitarles todo tipo de contrariedades?
  • ¿Qué necesidad nuestra buscamos cubrir detrás de esa emoción?

Todos nuestros comportamientos tienen una intención positiva, y suelen ir enfocados a evitar el dolor y perseguir el placer. Es por esto que es importante descubrir qué queremos evitar y qué esperamos conseguir con ello, para determinar dónde está ese punto de equilibrio entre apoyarles y que se sientan seguros manteniendo un control respetuoso. Un control que les permita descubrir sus propias necesidades, sus fortalezas y sus debilidades.

Al pretender que a nuestros hijos no les perturbe nada, estamos provocando, sin quererlo, que a medida que crezcan no sepan cómo enfrentarse a los conflictos de la vida cotidiana. En cierto modo les estamos quitando la posibilidad de experimentar entre diferentes opciones, de poder tener un criterio sobre el camino más adecuado para resolver las dificultades que se van encontrando. Al sobreprotegerles, en ocasiones provocamos el efecto contrario, a largo plazo les estamos desprotegiendo. Esta falta de experimentación de las fortalezas en las que poder apoyarse, y las debilidades que necesitan trabajar, dificulta también su aprendizaje y su inquietud por avanzar en el logro de sus metas.

Te invito a que recuerdes una situación en la que pensaste que no tenías opciones que te permitiesen alcanzar aquello que querías. ¿Cuál era tu grado de autoestima en esos momentos? No muy alto imagino… Pues a nuestros hijos les pasa lo mismo cuando de repente tienen que enfrentarse solos a una situación que han vivido en otras ocasiones, pero en la que la salida les ha sido siempre indicada. La consecuencia de creerse sin opciones ante obstáculos a los que no han tenido que enfrentarse solos antes es el deterioro de su autoestima.

Otro de los efectos que origina la sobreprotección, es la creencia de que al no tener control sobre lo que pueden o no hacer, tampoco son responsables de ello. Esto les lleva a no asumir la responsabilidad de sus comportamientos y del impacto que estos pueden tener en otras personas.

Es probable que lo que te salga de manera natural cuando tus hijos tienen una dificultad, es solucionárselo o darles la solución. Es posible que tengas una solución a su problema, pero seguramente esta no sea la única solución y quizá no sea la que ellos pueden estar necesitando en ese momento.  

 ¿Cómo saber si el problema con el que se encuentran es un obstáculo que pueden sortear ellos mismos?

Te comparto 4 claves que te darán luz a la hora de determinar si tu hijos precisan o no tu protección:

  1. Para. Cuando te descubras solucionándole una dificultad, párate un momento, respira y …
  2. Pregúntale a él o ella: ¿Qué se te ocurre que puedes hacer para solucionarlo?
  3.  Pregúntate tú: ¿Su decisión puede provocar un daño irreparable? ¿Su decisión puede afectar significativamente a otras personas? ¿Conoce él/ella las consecuencias de esta decisión?
  4. Prueba a confiar en su capacidad y habilidades, y observa en qué acciones específicas requieren de tu ayuda.

Y a ti ¿De qué otra manera se te ocurre que puedes bajar el nivel de protección sobre tus hijos?

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