Las emociones influyen en la atención, la memoria y en el razonamiento lógico, de forma que, bien gestionadas, nos ayudan a prestar atención a lo realmente importante.

Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria…

Las investigaciones en neurociencia cognitiva indican, a través del estudio de la actividad de las diferentes áreas del cerebro y sus funciones, que solo puede ser verdaderamente aprendido aquello que te dice algo, aquello que llama la atención y genera emoción, aquello que es diferente y sobresale de la monotonía.

La motivación y la emoción son dos procesos distintos que están íntimamente relacionados. Ambas implican movimiento. Las emociones son lo que nos mueve, lo que nos impulsa a actuar, y la motivación es la responsable de mantener nuestra atención sostenida en el tiempo, la disposición al esfuerzo mantenido por conseguir una meta.

Tanto la motivación como la emoción, influyen en la percepción, la atención y el aprendizaje:

Atención: nuestras motivaciones y emociones hacen que captemos una información y no otra. Allí donde ponemos nuestra atención es hacia donde nos dirigimos y nos enfocamos.

Cuando nos sentimos con una emoción de alegría, prestamos atención a aquellas cosas que van en línea con la alegría que sentimos. Las emociones incómodas reducen la atención y la concentración, mientras que las agradables la amplían, haciendo que prestemos más atención a más cosas, lo que aumenta la capacidad para relacionar y asociar elementos diferentes.

Por ejemplo, cuando nuestros hijos están felices porque están practicando un nuevo deporte con sus amigos, no prestan tanta atención a las caídas o a los errores que cometen, sino que solo se afanan por avanzar lo más rápido posible en su aprendizaje.

Hagamos una prueba: Si os pido que penséis en una playa paradisíaca, probablemente estéis proyectando en vuestra mente esa playa con todo lujo de detalles, podéis incluso sentir la brisa del viento y el sol en vuestra piel, el olor del mar…

Si os pido por otro lado que penséis en un momento de tensión con vuestros hijos/alumnos, probablemente inicialmente solo recordéis la escena problemática entre vosotros sin más detalle de lo que sucedía a vuestro alrededor.

Percepción: nuestras motivaciones y emociones afectan a la forma en la que interpretamos la información. Nuestra percepción de las situaciones que vivimos o la realidad que vemos, es muy distinta dependiendo de la emoción con la que la afrontemos. Así, por ejemplo, cuando nuestros hijos están asustados porque la habitación está a oscuras, pueden percibir que la ropa colgada de la percha es un monstruo que les está acechando.

¿Te animas a hacer la prueba?

¿Qué descubres en esta imagen a primera vista?ilusion-optica-tres-rostros

Cada uno percibimos primero una de las 3 caras que aparecen en esta imagen.

Aprendizaje: nuestras motivaciones y emociones potencian o inhiben la adquisición de conocimientos y habilidades. Las emociones desagradables tienen especial capacidad para concretar y retener la atención en lo que nos preocupa. Cuando la emoción es de tristeza, preocupación o disgusto, nuestra atención se centra en las consecuencias negativas, y eso nos lleva a no buscar otras opciones para cambiarla, lo cual no propicia el aprendizaje. El aprendizaje participativo y experiencial crea motivación, no ocurre lo mismo con el aprendizaje memorístico y repetitivo. Las tareas creativas son más motivantes que las repetitivas.

Teniendo esto en cuenta, nuestras motivaciones y emociones dirigen nuestras acciones y, por tanto, los resultados que obtenemos.

Cuando estamos atrapados por el enfado, la ansiedad o la depresión, tenemos dificultades para aprender porque no percibimos adecuadamente la información y, en consecuencia, no la procesamos correctamente. Las emociones incómodas e intensas absorben toda nuestra atención.

Contrariamente, la motivación positiva unida a sentimientos de poder tiene un efecto impulsor de la perseverancia y en consecuencia del rendimiento.

La motivación tiene que ver con la energía y la vitalidad.

Un sencillo ejercicio para ayudar a vuestros hijos y/o alumnos a motivarse es SALTAR, ya que proporciona esa energía impulsora para perseguir una meta.

“Descubre qué les motiva y tendrás la llave de su aprendizaje”

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