Nuestras acciones están precedidas por nuestras emociones.

¿Qué aparece primero el pensamiento o la emoción?

Es difícil determinar si nuestros pensamientos condicionan nuestras emociones, o si son las emociones las que nos llevan a tener determinados pensamientos. Lo que sí es más claro es, que lo que nos hace entrar en acción, lo que nos mueve, son nuestras emociones. Por tanto, nuestras emociones afectan a nuestra forma de actuar, de comportarnos.

De ahí la importancia de saber ponerle nombre, de saber expresar nuestras emociones.

Esta puede parecer una tarea sencilla, es posible que estés pensando que sabes reconocer perfectamente cada una de las emociones que tienes a lo largo del día. Si es así, enhorabuena, eso significa que eres capaz de identificar lo que te ilusiona, lo que te decepciona, lo que te hace daño, lo que te hace feliz, lo que te entristece, lo que te supera, lo que te paraliza, y un largo etcétera de emociones que te visitan habitual, y no tan habitualmente, en tu día a día.

Si estás en esta situación, estarás preparado para pasar al siguiente nivel.

¿Cómo te comportas cada vez que tienes una de esas emociones?

¿Te comportas siempre de la misma manera? ¿Actúas de forma que tu comportamiento satisface la necesidad que hay detrás de esa emoción, o simplemente reaccionas a lo que te ha provocado la emoción sin saber qué estas necesitando? Este ya es un paso más complejo en el conocimiento de tus emociones ¿verdad? Pues este es un paso fundamental si queremos poder adaptar nuestra forma de actuar a lo que nos hace estar mejor cuando nos sorprende una determinada emoción.

Los comportamientos como expresión de emociones

Si vemos que esto es complicado para nosotros los adultos, que llevamos ya unos años conviviendo con nuestras emociones, imagínate lo complicado que puede llegar a ser para un niño/niña que está empezando a experimentarlas por primera vez, y ni siquiera entiende qué le pasa. Y esto se puede complicar todavía más cuando hablamos de jóvenes adolescentes, para los que por el proceso evolutivo empiezan a tener experiencias que les son totalmente desconocidas y que no saben cómo manejar.

Cuando nosotros como adultos vemos los comportamientos de nuestros hijos de forma racional, no “entendemos” cómo pueden hacer determinadas cosas. El problema está, en que en muchas ocasiones ellos solo están reaccionando a una emoción que han experimentado, que no saben expresar y que, por tanto, no saben cómo manejar. Ayudarles a que identifiquen esas emociones, que les pongan nombre y aprendan a expresarlas atendiendo a lo que necesitan, les permite conocerse mejor y adaptar sus comportamientos.

El que hablen de sus emociones, también nos facilita a nosotros el entender qué necesitan y en qué podemos ayudarles, sin que la manifestación de esas emociones se convierta en una lucha entre lo que nos reclaman y lo que nosotros interpretamos que nos están reclamando a través de un comportamiento inadecuado.

Además, al animarles a expresar sus sentimientos sin pasarlos por nuestra interpretación, les estamos enseñando que pueden confiar en nosotros y que pueden compartir sus inquietudes. El solo hecho de ponerles nombre a las emociones y contarnos lo que están sintiendo, hace que no expresen lo que les pasa en forma de enfado o de rebeldía al sentirse escuchados. Hace que se hagan responsables de sus emociones y que no dejen que estas tomen las decisiones por ellos.

“El secreto está en compartir más y cuestionar menos”

Hablarles de tus emociones les ayuda a expresar las suyas

Una cosa que les ayuda mucho a hablar de sus emociones es que vean que nosotros lo hacemos de forma natural. Cuando nuestros hijos tienen un comportamiento que provoca en nosotros una emoción que no nos gusta, es importante que en vez de reaccionar a él, le digamos cómo nos afecta ese comportamiento. Eso sí, siempre teniendo cuidado de que entiendan que lo que no nos gusta es un comportamiento específico, y no él/ella. Hay una gran diferencia entre decirles “lo que has hecho está mal” y “eres un niño/a malo/a”. Con la primera frase aprenden a distinguir cuales de sus comportamientos están bien o mal, mientras que con la segunda frase asocian que ellos como persona son malos.

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