No es lo mismo preguntarte por qué haces las cosas, que para qué las haces.

No se trata de buscar excusas o argumentos con los que justificar nuestras acciones, sino más bien de encontrar el fin último que nos mueve a querer conseguir algo. Definir cuál es la razón última que nos impulsa a perseguir nuestras metas.

Esta sencilla pregunta tiene la maravillosa cualidad de traspasar nuestra mente racional para conectarnos con nuestras inquietudes y nuestras emociones. Y son esas emociones, las que realmente nos hacen iniciar el camino que nos llevará a alcanzar nuestras metas.

Esta es, posiblemente, la pregunta más poderosa que podemos hacer los coaches a nuestros clientes, ya que es la pregunta que hace que tomemos consciencia de lo que realmente nos puede llevar a movernos para conseguir nuestros objetivos y, por tanto la que nos hace cuestionarnos ¿qué queremos realmente? ¿Qué nos va a impulsar en este camino? Y ¿cuál será la dirección a tomar?

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