¿Sabrías identificar las emociones que vives en cada momento?

Cada emoción tiene asociada en nuestro organismo una respuesta fisiológica. El objetivo es facilitar que éste se adapte al medio y a las circunstancias, preparándonos para reaccionar y afrontar rápidamente aquellas situaciones que han desencadenado esas emociones.

Es por esto que una forma relativamente sencilla de reconocer la emoción que aparece en cada momento es a través de nuestro cuerpo.

El ritmo frenético en el que vivimos, hace que muy a menudo nos dejemos llevar por nuestras emociones sin permitirnos sentirlas para poder identificarlas en el momento de tenerlas, y así conseguir gestionarlas de la forma más conveniente para nosotros. Las emociones son necesarias y muy útiles, ya que cada una cumple su función de adaptación al entorno y nos impulsan a la acción, siempre y cuando no dejemos que generen en nosotros reacciones desproporcionadas que nos lleven a un estado de ánimo dañino.

Cuando los niños están disfrutando de sus vacaciones, es un buen momento para aprender a detectar muchas de las emociones, ya que es el momento del año en el que olvidamos un poco la rutina y dedicamos más tiempo a hacer nuevas actividades, visitar sitios distintos, conocer gente nueva,… En definitiva, suele ser la época del año en la que dedicamos más tiempo a sentir las experiencias con mayor intensidad.

Para poder comprender y regular nuestras emociones es imprescindible tomar conciencia de ellas y darles nombre

Estas son algunas de las formas de identificar las emociones básicas a través del cuerpo:

Cuando nos encontramos ante una situación de MIEDO y de peligro nuestro cuerpo se prepara para una huida inmediata, lo que provoca que la sangre se dirija a nuestras extremidades inferiores. Esto provoca que nuestra cara palidezca por la falta de flujo sanguíneo, que el corazón y la respiración se aceleren, y los músculos se tensen. Los ojos se abren mucho para poder captar mejor lo que sucede a nuestro alrededor y la boca se aprieta.

Ante una situación de ALEGRÍA ocurre lo contrario. En esta situación el contexto no supone ningún peligro y estamos en un estado de disfrute y satisfacción, por lo que nuestros músculos se relajan, y nuestro cerebro inhibe los pensamientos negativos. Nos predisponemos a la acción y a las relaciones interpersonales, y también nos invade una mayor sensación de AMOR. Cuando estamos felices, crece nuestra autoestima y autoconfianza, disfrutamos de lo que podemos hacer, lo que impulsa a experimentar cosas nuevas.

 En el caso de las situaciones que nos generan una emoción de IRA, nuestro cerebro interpreta que estamos ante una situación de peligro o agresión hacia nosotros, por lo que nuestras reacciones son de auto-defensa o ataque. En este caso, contrariamente a lo que nos pasa ante el miedo, no sentimos la necesidad de huir, sino de enfrentarnos a lo que consideramos una amenaza. Esto nos lleva a reaccionar de forma impulsiva, activa e inmediata, aumentando nuestra energía. La sangre se dirige a nuestro rostro y nuestras extremidades superiores, lo que hace que la cara se ponga roja, y frunzamos el ceño.

Contrariamente al aumento de energía que nos genera la emoción de ira, la TRISTEZA nos provoca una disminución de la energía, lo que hace que se reduzca nuestra atención ante los estímulos externos y que nos focalicemos más en lo que ocurre dentro de nosotros, evitando la relaciones sociales. La boca se arquea hacia abajo, y los ojos también miran hacia abajo.

Las reacciones de nuestro cuerpo ante el ASCO, son quizá las más evidentes ya que la reacción es la de bloquear el sentido por el cual percibimos esa emoción. En el caso de que el asco lo produzca la visión de una imagen desagradable, tendemos a taparnos los ojos. Cuando se produce por un olor, arrugamos la nariz para cerrar las fosas nasales o directamente nos tapamos la nariz.

Las respuestas de nuestro cuerpo ante la emoción de SORPRESA también son bastante evidentes y reconocibles en la mayoría de las personas. A pesar de tratarse de una de las emociones de más corta duración, nos prepara para cambios inesperados y sus consecuencias. Por eso, la respuesta de la sorpresa activa los sistemas de percepción y agudeza de nuestros sentidos, las pupilas se dilatan, las cejas y los párpados se elevan para permitir una mayor amplitud visual, y la boca se abre de manera circular.

Te propongo un juego para practicar en familia: pídeles a tus hijos que pongan caras que para ellos reflejen cada una de estas emociones, e intenta adivinar de cual se trata. Cambia los papeles, siendo tú ahora quien escenifique las emociones. Es una forma divertida y muy útil para poder reconocerlas cuando se manifiesten en el día a día.

Compartir:
  •  
  •  
  •